[Pero] no se puede citar a la Posta de Sinsacate sin hacer mención a otro hecho sangriento de nuestra historia: el asesinato de Juan Facundo Quiroga en el pago de Barranca Yaco, próximo a la posta, el 16 de febrero de 1835 por lo que sus restos encontraron allí provisoria sepultura, después
de ser velados en la capilla.
Dos intelectuales de Córdoba, Alejandro Nores Martínez, en verso, y Julio Torres, en prosa, han dejado registradas en páginas de enternecida
emoción la crónica de tan infausto suceso.
Tal vez porque al valor del relato del paisaje sumen ese paisaje interior de los protagonistas del suceso, su forma de entender la vida, su acendrado
patriotismo, sus creencias y registrado sus frases descarnadas y esenciales, al leerlos el lector encontrará la médula de los valores de hombres del norte argentino:
"Téngase usted sin cuidado
por mi vida, Usandivaras,
que no nació -todavía
quien va a despacharme el alma".
La mano de Santo Pérez
burló coraje y confianza.
El hombre había nacido
y Facundo lo ignoraba.
A esa síntesis magistral de Nores Martínez, agrega Julio Torres el imperativo de las raíces de un tiempo que, sin ser muy lejano, pertenece a la leyenda, cuando describe el traqueteo desacompasado, posesionado, de la diligencia, dando tumbos en los senderos terrosos, donde asoman raspando los flancos los churquis y tunales.
"Febrero encendido en la vertical del sol, calcinante y sin tregua, ya sin el plumón querendón de la tusca y el garabato, alcanza en su relato
perfiles dantescos.
Ese perfume de fina lavanda que desde el pañuelo de puntillas corta por un instante la realidad de sus últimos momentos de vida, y ese displicente
recuerdo del general de su nueva circunstancia en la ciudad del puerto, donde sus hijas repite hasta el cansancio las gangosas lecciones de francés,
envueltas en un remolino de moños y tafetas cuando el acre olor a caballo y a camino le está devolviendo poco antes de morir, como en una parábola
que ya se cierra, su juventud perdida ahora por el abrojo de mil puntas de su gota".
Extraído de La arquitectura en Córdoba y su historia. Compilación de escritos del Arq. Rodolfo Gallardo. Editorial Nuevo Siglo. 2003.
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miércoles, 15 de agosto de 2007
Arquitectura de la Posta de Sinsacate
La tipología arquitectónica se impone sola en un programa de habitaciones corridas a lo largo de una generosa galería.
La posta de Sinsacate, en tierras que fueron de don Pedro de Torres, de don Sebastián Adaro y de las monjas catalinas, fue enajenada por éstas a don Juan Jacinto Figueroa, quien de su casa hizo la posta con el sentido indicado, que se concretó en una realización sobria y pragmática.
Una larga fila de pilares de sección cuadrada se desarrolla paralelamente ál Camino Real. En un extremo, la capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen original hoy ha sido adquirida a particulares por el museo Sobremonte, donde se exhibe.
Un contiguo cementerio era también lugar de enterramiento de los que inesperadamente concluían su vida en la aventura llena de riesgos del camino.
Arquitectónicamente el tramo es muy simple, con vigas o tirantes que van uniendo los pilares, dándoles una terminación plana donde corre por todo su perímetro un camino de ronda.
La armonía de su logro estético no hay que verla en el análisis del tramo, sino casualmente en su rítmica repetición.
En el desarrollo de la galería que estructura el conjunto hay un determinado momento de retroceso -tal vez una ampliación posterior- y se continúa en igual forma la repetición de tramos, lo que, acentuado por un desnivel que impone escalones para unir ambos planos, ablanda un tanto lo que pudiera quedar demasiado rígido como resultado
final.
Las dos aguas de la capilla están perpendicularmente a las del techo de las habitaciones y el desnivel del terreno, más alto en la parte posterior,
impone cavar la tierra para lograr la horizontalidad del pavimento, por lo que las ventanas sobre el contrafrente, que desde el interior aparecen muy
altas y sin vistas al exterior, desde afuera están a nivel del terreno. La capilla no acentúa para nada esta definición tan modesta, tan simplificada del sector de residencia. Tiene un pequeño arco cobijo y está techada a tijera o sea con cabriadas. Una espadaña de tres orificios arranca desde el piso con su plano de piedras, revocada sólo del lado del naciente.
Quedan claramente delimitados tres sectores: el más bajo, totalmente ciego, acaba en una simple línea de cornisa. El segundo, entre esta cornisa
y otra igual, tiene dos arcos de medio punto y a pesar de tener travesaños de madera no tiene ahora campanas. El último tramo, más angosto, con un arco con tirante y campana, tiene su recorte final en una cornisa un poco más graciosa, de línea quebrada, que sigue al arco en su desarrollo.
Pequeñas esferas en la parte superior y lados completan la decoración.
La fachada de la capilla, protegida por el cobijo, deja ver una pequeña ventana coral sobre la puerta de ingreso.
Una escalera al final de la galería, sobre el límite con la capilla, permite el acceso al plano de ronda, de donde emergen los techos inclinados cubiertos de tejas.
Extraído de La arquitectura en Córdoba y su historia. Compilación de escritos del Arq. Rodolfo Gallardo. Editorial Nuevo Siglo. 2003.
La posta de Sinsacate, en tierras que fueron de don Pedro de Torres, de don Sebastián Adaro y de las monjas catalinas, fue enajenada por éstas a don Juan Jacinto Figueroa, quien de su casa hizo la posta con el sentido indicado, que se concretó en una realización sobria y pragmática.
Una larga fila de pilares de sección cuadrada se desarrolla paralelamente ál Camino Real. En un extremo, la capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen original hoy ha sido adquirida a particulares por el museo Sobremonte, donde se exhibe.
Un contiguo cementerio era también lugar de enterramiento de los que inesperadamente concluían su vida en la aventura llena de riesgos del camino.
Arquitectónicamente el tramo es muy simple, con vigas o tirantes que van uniendo los pilares, dándoles una terminación plana donde corre por todo su perímetro un camino de ronda.
La armonía de su logro estético no hay que verla en el análisis del tramo, sino casualmente en su rítmica repetición.
En el desarrollo de la galería que estructura el conjunto hay un determinado momento de retroceso -tal vez una ampliación posterior- y se continúa en igual forma la repetición de tramos, lo que, acentuado por un desnivel que impone escalones para unir ambos planos, ablanda un tanto lo que pudiera quedar demasiado rígido como resultado
final.
Las dos aguas de la capilla están perpendicularmente a las del techo de las habitaciones y el desnivel del terreno, más alto en la parte posterior,
impone cavar la tierra para lograr la horizontalidad del pavimento, por lo que las ventanas sobre el contrafrente, que desde el interior aparecen muy
altas y sin vistas al exterior, desde afuera están a nivel del terreno. La capilla no acentúa para nada esta definición tan modesta, tan simplificada del sector de residencia. Tiene un pequeño arco cobijo y está techada a tijera o sea con cabriadas. Una espadaña de tres orificios arranca desde el piso con su plano de piedras, revocada sólo del lado del naciente.
Quedan claramente delimitados tres sectores: el más bajo, totalmente ciego, acaba en una simple línea de cornisa. El segundo, entre esta cornisa
y otra igual, tiene dos arcos de medio punto y a pesar de tener travesaños de madera no tiene ahora campanas. El último tramo, más angosto, con un arco con tirante y campana, tiene su recorte final en una cornisa un poco más graciosa, de línea quebrada, que sigue al arco en su desarrollo.
Pequeñas esferas en la parte superior y lados completan la decoración.
La fachada de la capilla, protegida por el cobijo, deja ver una pequeña ventana coral sobre la puerta de ingreso.
Una escalera al final de la galería, sobre el límite con la capilla, permite el acceso al plano de ronda, de donde emergen los techos inclinados cubiertos de tejas.
Extraído de La arquitectura en Córdoba y su historia. Compilación de escritos del Arq. Rodolfo Gallardo. Editorial Nuevo Siglo. 2003.
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Arq. Rodolfo Gallardo,
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